#THANKSGIVING
EDITORIAL Donde se habla de arte de agradecer
Thanksgiving es mucha locura. La gente sale a la calle y la llena de bolsa de compras, flores, autos veloces, familias bien vestidas. Los veo caminar, son dos o tres hijos como mínimo y todos con abrigos. Mi esposa estuvo hasta la una de la mañana haciendo pies —cinco, ni más ni menos— para llevar a la cena y viendo los capítulos de Thanksgiving de Friends. Cosas así. Una de las pruebas de que yo, pese a estar acá cinco años, aún no me asimilo a esta cultura es que no siento nada en estas fiestas. Ni siquiera la promesa, siempre incumplida, de encontrar algo muy barato en Black Friday me emociona. Como no está asociada a mi historia y ni siquiera a algún evento astrológico importante, no comprendo el hype. Me parece que los norteamericanos son como Jack queriéndose robar la Navidad adelantándola hasta noviembre.
Sin embargo, sí me gusta la idea de agradecer.
Agradecer es un ejercicio que he aprendido a realizar como meditación. Cada noche, antes de dormir, elijo diez cosas para agradecer.
Empiezo por agradecer algo tonto que me hace feliz, como que me saliera con el tiro gratis la carta de Ibrahimovic en mi equipo de futbol virtual.
Luego, agradezco cosas simples pero maravillosas: tener agua caliente, un baño limpio, poder abrir la refrigeradora a cualquier hora y que siempre haya pan o fruta.
Después, algo que me ha pasado ese día, bueno o malo, pero que haya sido un aprendizaje.
Luego agradezco mis privilegios: tener familia, tener trabajo, tener amigos, tener alumnos, tener una vocación tan intensa desde adolescente, tener lectores en este Substack creado hace quince días, tener eso nuevo y raro que es el podcast “Otras tardes”.
Finalmente agradezco tener salud, tener fe en el Cristo de Portobello, tener valor, tener personas a quienes amar y proteger, y que me aman y me protegen.
Solo pueden ser diez cosas y, obviamente, siempre me quedo corto. Esa es la mejor parte del ejercicio: elegir solo diez y dejar (obvio las apunto en una libreta Moleskine) las demás en suspenso, para el próximo día. Esos agradecimientos pendientes son la muestra de la abundancia de motivos para agradecer que implica simplemente estar vivo y que muchas veces el dolor, el ego, el estrés, el malhumor o la tristeza nos hacen olvidar o subestimar.
Pero están ahí y cada noche llenan mi vida infinita.





Qué hermoso, Tyson.
Gracias Iván por tu lindo corazón!